domingo, 6 de mayo de 2012

Hacerse a un lado, dejarlo pasar, y ver cómo se marcha por los raíles mientras gritas con el alma y el corazón "no te vayas, no te marches..." sin que cuerpo y razón hagan nada para evitarlo. 
 ¿Y luego? Un vacío sordo y mudo, con sabor a hierro en la lengua. No llegas a ver más que la tierra bajo tus pies, nunca el cielo. 
 ¿Y luego? Luego das la vuelta, levantas la cabeza y sigues caminando. Y sigues caminando. Todo suena, sabe y huele diferente, el aire es amarillento y ligero. El cielo tiene nubes blancas y el Sol brilla en tu piel. Tus pies son plumas y, entonces, echas a volar...

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